«No es porque te veas criatura / Pero tienes que saber / Que hay dos cosas seguras / Que es la muerte y la vejez. /Por la plata no te alegres / Que tienes que comprender / Que nunca la plata puede / Con la muerte y la vejez».
Es casi unánime la opinión de que el colapso eléctrico ocurrido en Cuba a partir del 17 de octubre —que paralizó al país en toda su extensión y sumió en las tinieblas a una población ya extenuada por innumerables penurias— sería un síntoma extremo de la crisis multidimensional, endémica que enfrenta la isla desde hace más de 30 años.
«El interés de este proyecto se centra en generar una catarsis, un grito, una queja, una denuncia ante el absurdo y la incertidumbre que abruma a una isla».
Yo no sé todavía qué es Miami. Llevo en la ciudad siete meses, pero por un rato Legna Rodríguez me aleja de las zonas comunes: playa-playa, piscina-piscina, warehouses y mediocridad.
El apagón es síntoma de una crisis mayor, crónica, multidimensional que afecta cada faceta de la vida cotidiana en Cuba y que se manifiesta, aún más amargamente, como inflación y escasez de productos básicos, como improductividad y depauperación de servicios sociales (incluidos los sanitarios), como desigualdad y aumento de la violencia, como desconfianza en el futuro y fuga migratoria.