Viajó poco. Se resistió con coherencia a ciertos mecanismos expoliadores de la industria de la música que pudieron expandir el alcance y la popularidad de sus composiciones. Nunca fue una figura mediática, más bien anduvo a contracorriente en un ámbito donde, imagino, no siempre encontró señales de pertenencia. No buscó las luces persistentes de los escenarios, ni saturó medios o lugares con su imagen, su voz o sus canciones en otras voces; pero Marta Valdés comenzó a ser y hacer historia desde que fue grabada su primera canción, y esta historia implicaría, quizá sin proponérselo, trascender sus propias fronteras, todos los quijotescos obstáculos que debió vencer. Se trata de una carpeta autoral convertida, con el paso del tiempo, en objeto de culto en los altares de la canción, engrandecida por la propia personalidad, la altura intelectual y la ejecutoria casi renacentista de su autora, que ha sido a la vez, crítica de música y arte en periódicos y revistas, compositora para piezas de teatro, historiadora de la música, redactora de notas discográficas, asesora y productora de discos, y, por todo ello, inspiración para muchos que se adentraban en la composición y la interpretación.
Afortunadamente, Marta pudo regocijarse por el reconocimiento a su legado de quienes la veían como uno de los últimos clásicos vivientes, y alcanzó a apreciar las reverencias profundas que, en pleno siglo XXI, han significado las apropiaciones que cantantes de diversos segmentos generacionales y latitudes geográficas hacen de sus canciones, que empezó a componer allá por 1955. El viaje a través de ese singular universo creativo supone una experiencia única: tener a mano o distante, pero siempre presente, a Marta y su pensamiento, su mirada y su oído crítico, su pasión y su rigor.
Intentemos recorrer sus canciones a través de las grabaciones que las eternizan en otras voces. Su descubrimiento y apreciación comienzan a finales de la década de los cincuenta. Corría el convulso año 1958 y Marta, de la mano de sus amigos Giraldo Piloto Bea y René Barrios, había entrado en contacto con cantantes y compositores interesados en una línea creativa que renovaba el modo de concebir y cantar el bolero. Esta se identificaba con el filin primigenio de José Antonio Méndez, César Portillo de la Luz, y también con el universo musical de los mexicanos Vicente Garrido y María Grever, entre otros.
En paralelo, Guillermo Álvarez Guedes pisaba fuerte al frente de su sello disquero Gema, con Bebo Valdés como director musical y una filosofía que incluía el lanzamiento de valores emergentes, la promoción de un repertorio considerado valioso y la expansión al mercado estadounidense de habla hispana, México y otras zonas del continente. Marta había confiado sus composiciones a la editorial Musicabana, formada por un grupo de autores interesados en ganar independencia y justicia en las compensaciones económicas, lo que no proporcionaba el gran emporio editorial Peer, bajo cuyo control estaba la inmensa mayoría de la música cubana.
«Por esa época Fernando Álvarez comienza como solista y va a grabar su primer longplaying con Guillermo Álvarez Guedes. Le enseñaron algunas cosas mías y comenzó a grabarme con unos arreglos increíbles de Bebo Valdés: el primer bolero fue “No es preciso”, y luego le escribí “No te empeñes más” y “Para qué rectificar”», contaría años después Marta Valdés a Sigfredo Ariel.[1]
Fernando Álvarez, que ya acumulaba lauros como gran bolerista desde sus tiempos en el Conjunto Casino, logra un éxito rotundo con sus dos primeros álbumes en solitario, Fernando Álvarez (Gema, 1958) y Este es Fernando Álvarez (Gema, 1959), que incluyen las tres canciones de Marta. Bebo y Álvarez Guedes son decisivos en el inicio de la discografía de Marta como compositora: en producciones sucesivas, el bolero «Demasiado que pedir» tiene su primera fijación en el álbum Minín Bujones canta (Gema, 1959), mientras que un desconocido maestro santiaguero llamado Pacho Alonso, que emergía en la escena musical, haría maravillas al grabar «Tú no sospechas», bolero que también graban casi por las mismas fechas Miguel de Gonzalo, Orlando Vallejo, Bola de Nieve. Doris de la Torre, una cantante que ya se destacaba en Los Armónicos de Felipe Dulzaides, graba «Tú dominas», «En la imaginación» y «Envenéname los labios», y los incluye en su álbum primigenio, que toma el nombre del bolero de Marta: Tú dominas (Sonotone, 1959). «No hagas caso» llega en la voz fresca y cristalina de Omara Portuondo en su primer fonograma en solitario: Magia negra (Kubaney/Velvet 1959).
Durante los años sesenta en Cuba, Marta Valdés es una compositora demandada por los cantantes más rigurosos en la selección de su repertorio y por los productores que lanzan nuevas voces en ese segmento de mayor refinamiento que es empático con la experimentación: en abril de 1960, ve la luz el único álbum de la mítica Freddy (Freddy; Puchito, 1960), donde se incluye el bolero «Tengo» en la que fue, probablemente, su primera grabación. Ese año Bola de Nieve registra su fabulosa versión de «Tú no sospechas» en Este sí es Bola (Sonotone, 1960); lo mismo que Pacho Alonso en su primer álbum, Una noche en el Scheherezada… (RCA/Discuba, 1960), de la mano de Bebo Valdés. Y en la voz de Bobby Jiménez tenemos el bolero «Demasiado que pedir».
Un año después, Pacho asume una rareza en el catálogo autoral de Marta Valdés, que la saca del ámbito de la canción romántica: la guaracha «Sorpresa de harina con boniato» (Que me digan feo; RCA/Discuba, 1961). Doce años después, en pleno boom de la salsa, la grabarían Johnny Pacheco y Pete «El Conde» Rodríguez, y luego Pupi Legarreta, uno de los nombres cubanos en la Fania All Stars, y todavía más tarde, Pancho Amat y su Cabildo del Son.
Elena Burke, a partir de entonces la más sublime y persistente defensora de las canciones de Marta, graba en 1964 «Tú no hagas caso» y, en 1968, «Hay mil formas», incluida en un álbum donde Juan Formell llevó el peso de los novedosos arreglos.
Al otro mundo
Mientras esto sucedía en Cuba, en Nueva York, el gran Vicentico Valdés se interesa por la obra de la emergente compositora. Radicado desde los tempranos cincuenta en Estados Unidos, cantante insigne de la orquesta de Tito Puente, sus grabaciones —producidas y distribuidas por el sello estadounidense Seeco Records— serán decisivas en la difusión de la música de Marta Valdés entre las comunidades latinas en Estados Unidos y en países como México, Venezuela, Colombia, Panamá, donde el cantante era ya muy popular. En 1958, Vicentico graba «En la imaginación», «Deja que siga solo» y «Tú dominas». Los discos llegarán a las victrolas y emisoras radiales cubanas y serán una de las primeras pruebas de aceptación para las composiciones de la Valdés.
En abril de 1960, Vicentico graba en Nueva York «Y con tus palabras (Palabras)», escrita por Marta cinco años antes; la canción es incluida en el álbum Algo de ti (SCLP-9195), uno de los más notables y exitosos del cantante. En 1963, lleva a disco «No hagas caso» y «Tengo», además de «Vuelve en ti», con arreglos de alguien muy apreciado por Marta Valdés: el pianista villaclareño René Hernández.
La puertorriqueña Lucy Fabery, que había trabajado en Cuba a finales de los cincuenta, graba también en Nueva York «Demasiado que pedir» (Noche de locura; Seeco, 1962), y Renée Barrios, amiga entrañable de Marta radicada ya en Venezuela, registra «En la imaginación» y la incluye en su primer álbum en el exilio (Color y sentimiento; Fonograma, 1966).
Los años grises
A partir de 1959, comenzaron a darse transformaciones estructurales en la isla que afectaron sensiblemente la vida de los músicos y, en particular, los procesos editoriales, de grabación y distribución. En 1961, se produjo la nacionalización y expropiación de todas las marcas y casas discográficas para dar paso a varias formas estatales centralizadas de breve vida hasta llegar a la actual EGREM (Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales). De esta manera, Cuba sale o es sacada del mercado internacional de la música donde había tenido durante décadas una articulada presencia. Otros cambios se aprecian en la escena musical cubana: a nivel estilístico, los sesenta y setenta traen nuevos aires e influencias, pero también, en política, catastróficas decisiones en el empeño de dejar atrás todo vestigio del sistema social anterior. Vendrán rupturas y laceraciones.
«No eran momentos felices de mi vida autoral desde el punto de vista de la difusión», escribió Marta Valdés en su libro Donde vive la música. «Mientras me hallaba en una verdadera lucha por armarme de herramientas teóricas para poder escribir yo misma mi música y no envejecer como creadora, el panorama de la difusión era realmente angustioso para mí. Muchos intérpretes buscaban desesperadamente afiliarse a corrientes de la música ligera europea en una huida desenfrenada lejos de las formas lentas de nuestro cancionero».[2]
La grisura de un quinquenio —que resultó aún más duradero— invisibilizó a Marta Valdés; la hizo desaparecer de la radio y la televisión en tiempos donde también se desarticuló la red de centros nocturnos que daba vida a la noche habanera y trabajo y espacios de expresión a los músicos. El enclave físico y humano de Teatro Estudio, el de los hermanos Raquel y Vicente Revuelta, el de Berta Martínez, la arropó en sus empeños creadores. Marta se refugió en el teatro.
Mis composiciones no eran de la preferencia de quienes decidían qué se llevaría o no al disco en la única empresa nacional de grabaciones; en más de una ocasión, cuando un intérprete hacía figurar en su lista un título de mi autoría, recibió la orden de retirarlo. En aquella larga etapa, muy pocas veces conseguí entrar en circuito del disco con algún título mío y casi todas se debieron al coraje y la entereza de Elena Burke.[3]

Marta siguió escribiendo canciones, y fue quizás una de las etapas en que más se dedicó a dejar por escrito sus reflexiones y análisis acerca de disímiles temas de la cultura, la música y la vida. Elena Burke —con respetada presencia en la televisión y en los centros nocturnos que lograron sobrevivir a la llamada Ofensiva Revolucionaria— no renunció a Marta Valdés y siempre estrenó e interpretó sus canciones con la maestría de Enriqueta Almanza en los arreglos y, en ocasiones, al piano. La mutua devoción entre Marta y Elena tendría su culminación en el álbum Elena Burke canta a Marta Valdés (Areíto/EGREM, 1988), que resumía los grandes clásicos de la Valdés junto a grabaciones en estreno absoluto: «Como un río», «Juego a olvidarme de ti», «Macayá», «La canción». Otras cantantes serían también incondicionales de su obra por aquellos años: Alina Sánchez y Miriam Ramos intentaban, como y donde podían, conjurar el ostracismo y el silencio para no dejar morir la música de Marta Valdés.
Si con obstinación hurgamos en los registros fonográficos de la década de los setenta, no encontraremos grabaciones de Marta ni de sus canciones en Cuba, pero sí en Estados Unidos y en —¡asombro!— la extinta Checoeslovaquia; grabaciones que, por demás, resultan evocadoras de la situación en que se encontraba la música cubana por entonces. En Nueva York, donde el movimiento salsero hacía renacer los géneros bailables cubanos, Vicentico Valdés graba «Llora» (Vicentico. Seeco, 1972), mientras que el notable cantante puertorriqueño Cheo Feliciano borda con su estilo «No te empeñes más» (Looking for love/Buscando Amor, Vaya/Fania, 1974) dentro de la influencia de uno de sus referentes —Vicentico— y en plena fama como uno de los cantantes líderes de Fania Records. En el ámbito salsero, Papo Lucca orquestaría años después «Tengo» para La Sonora Ponceña (On the Right Track, Inca, 1988).
En el Viejo Continente, Eva Pilarová, cantante checa de pop y jazz, incluye su versión en checo de «¿Hacia dónde?» («Noc je příliš krátká»), que se inserta en la línea de la balada puesta de moda por los festivales europeos de la canción, tan influyentes en los años sesenta y setenta y alejados de la línea original de la Valdés. Era un resultado de los imperativos que las nuevas alianzas geopolíticas con el hoy extinto Campo Socialista imponían en el ámbito cultural cubano.
Rememorando aquellos tiempos, Marta escribió:
Fueron años en que alcancé, sin embargo, mi madurez como autora. Mi canción se abrió a infinidad de caminos, pero mi catálogo permaneció casi totalmente inédito en el ámbito discográfico hasta 1980, fecha en que Pablo Milanés —no sin resistencia por parte de la empresa— inicia su colección Filin e incluye cinco títulos míos en el primer disco de la serie.[4]
En la segunda mitad de los setenta parecía que la grisura y la arbitrariedad darían paso a una actitud más racional. Desde las instituciones gubernamentales se emitieron ciertas señales que presagiaban la llegada de la calma tras la tempestad. Marta Valdés gana en 1978 el Gran Premio de la primera edición del concurso Adolfo Guzmán gracias a «Canción eterna de la juventud», con la exposición pública que implicaba recibir el reconocimiento en un evento de amplia difusión mediática en aquel momento.
En cuanto a registros fonográficos, la obra de Marta regresaría a los estudios de grabación: Pablo Milanésgraba en su primer álbum de boleros «No hagas caso», «Por si vuelves», «No te empeñes más», «Qué largo camino anduve» y «Aida». (Filin 1; EGREM, 1980). Tendrían que pasar diez años para que la serie continuara con otros dos discos, que incluyen «Palabras» (Filin 2; EGREM, 1990), y «Tú no sospechas» y «Deja que siga solo» (Filin 3; EGREM, 1990). Estos dos últimos temas serán también incluidos en 1992 en el álbum Pablo canta boleros en Tropicana, que recoge la grabación en directo de aquellos conciertos en el famoso cabaret cubano donde Pablo contó con la guitarra y los arreglos de Martín Rojas.
Resurgir
En la cúspide de una fama que ya traspasaba las fronteras nacionales y llegaba a América Latina y la península ibérica, Pablo Milanés fue un factor de cambio en la situación de ostracismo en que se encontraban Marta Valdés y su obra autoral, como mismo Elena Burke con su voz conjuró antes el silencio impuesto, según reconociera la propia compositora. La EGREM decide retomar la grabación de parte de la obra inédita de Marta. Para que se tenga una idea del inusitado impulso: en 1981, Elena Burke graba «Sin ir más lejos» y «Llora, llora», esta última también por Miriam Ramos; Alina Sánchez asume «José Jacinto»; Argelia Fragoso, «Canción del Año Nuevo»; Pablo Milanés suma a su repertorio «Por si vuelves». Se publica el álbum Marta Valdés. Nuestros autores (Areíto/EGREM, 1982), que inicia una serie dedicada a los compositores cubanos que terminaría frustrándose tras pretender un alcance mayor.[5] Ese álbum contó con músicos de excepción: Frank Emilio Flynn, Gonzalo Rubalcaba, Emiliano Salvador —que ya había grabado Tengo en su segundo fonograma—, Pablo Milanés, Lucía Huergo, Manuel Valera, Guillermo Fragoso, entre otros. Un año después viene otro disco consagrado por entero a las canciones de Marta: Miriam Ramos con Canciones desde otro mundo (Areíto/EGREM, 1982), producido por el pianista Hilario Durán y Lucía Huergo. Son los primeros intentos de antologar su obra.
A partir de aquí serán cada vez más los cantantes y músicos que asumirán obras de Marta Valdés, reinsertándolas en estilos disímiles. Durante los noventa, por solo citar algunos, graban temas suyos Ela Calvo («Demasiado que pedir»), la checa Zuzana Novarová («No te empeñes más»), la chilena Carmen Prieto («Llora, llora»), el venezolano Juan José Capella («No es preciso»), las boleristas venezolanas Graciela Naranjo y Estelita del Llano («Tú no sospechas»). En 1999, Juan de Marcos González incluye el medley Homenaje a Marta Valdés en el reconocido álbum Distinto, diferente, de Afrocuban All Stars.
Como si de los antiguos viajes de ida y vuelta se tratara, en vísperas del nuevo milenio, la cantante onubense Martirio y su hijo, el guitarrista Raúl Rodríguez, viven la epifanía que para ellos fue encontrar a Marta Valdés: en su álbum Flor de piel (Fundación Autor/SGAE; España, 1999) incluyen el bolero «¿Hacia dónde?». En la fascinación por Marta y su obra contagian al pianista gaditano Chano Domínguez, quien, en sus orgánicos entrecruces de jazz y el flamenco, graba con Marta, su guitarra y su voz el disco Tú no sospechas (El Europeo/Karonte; España, 2000). Ahí recrea «En la imaginación», «Tú no sospechas», «Llora» —en versiones cantada e instrumental—, «¿Hacia dónde?», «Canción del año nuevo», «Como un río» y «Palabras».
Así entra Marta Valdés con sus canciones en el nuevo milenio, descubriendo y disfrutando apropiaciones inusitadas, versiones que vuelven enriquecidas a los orígenes, como la que hace el notable contrabajista estadounidense Charlie Haden con «No te empeñes más» (Verve, 2001) y un ensemble de lujo con los cubanos Gonzalo Rubalcaba, al piano, e Ignacio Berroa, en la percusión, y el tenorista boricua David Sánchez. O la versión también instrumental de «Tú no sospechas» que realizó José María Vitier (Imágenes. Cinquillo, 2002).
Lo hace también llevando su propia voz a los soportes fonográficos. Canta a los sentimientos, pero también a quienes admira —José Jacinto Milanés, Gabriel de la Concepción Valdés «Plácido», Alicia Alonso— cuando accede a grabar el disco Doce boleros míos (Unicornio, 2005), junto al guitarrista Rey Ugarte.
Las canciones de Marta viven una increíble modernidad, no solo porque dialogan con sentimientos y realidades que trascienden épocas y generaciones y resisten el paso del tiempo, sino porque cantantes y músicos se reconocen en su excepcionalidad como piezas de arte musical de armonías perfectas —tildadas a veces de difíciles— donde resuena lo cubano. De la Cuba profunda y diversa, regada por el mundo, surgen homenajes antologadores de su obra: Haydée Milanés con su álbum-concierto Palabras (Bismusic, 2014); Gema Corredera con Feeling Marta (GC Music, 2015); la italiana Paola Lorenzi y el guitarrista Pedro Mena Peraza con el disco En la imaginación (Dodicilune, 2018); el guitarrista Dayron Ortiz y su excepcional Mucho más que «Palabras» (ProSoundID Havana, 2024); todos ellos abordan su obra con un mirada abarcadora, respetuosa y renovadora a la vez. Otras y otros incluyen piezas de Marta Valdés en sus registros sonoros: Ivette Cepeda («Sin ir más lejos», «En la imaginación»), Susana Orta («Hay todavía una canción»), Estrella Acosta («Canción fácil», «Canción difícil), Zule Guerra («Tú no sospechas»), Pepe Rivero y Bobby Martínez (Tú no sospechas») o Aymée Nuviola («Tú no sospechas»).
En estado de gracia, la española Silvia Pérez Cruz y el contrabajista Javier Colina reverencian a Marta en su álbum En la imaginación (Contrabaix, España, 2011), con «Llora» y, precisamente, «En la imaginación». Otras aproximaciones sentidas se aprecian en la cantante y guitarrista colombiana Claudia Gómez («Canción del nuevo año»), el boricua Andy Montañez («Para qué rectificar»), y muchos otros.
Los archivos de EGREM deben conservar otras grabaciones de canciones de Marta Valdés realizadas en sus estudios por músicos tan disímiles como Anais Abreu, Sara González, Arturo Sandoval, Ángel Díaz, Beatriz Márquez, Samuel Téllez, Malena Burke, Eva Flores, Gina León, Guillermo Tuzzio, Esther Montalván, el grupo Los Amigos, Luis Téllez, Oscar Martin, Peruchín, el cuarteto Voces Latinas, Gilberto Aldanás, entre otros.
Para seguir
Marta estaba feliz por las noticias que la situaban en viva actividad en los últimos tiempos, hasta el momento justo de pasar a la eternidad: la cantante cubano-suiza Susana Orta estudiaba su repertorio, intercambiaba con ella y trabajaba para incluir en su próximo álbum «Sorpresa de harina con boniato» y «Canción sin título», con aires de danzón. Junto a Haydée Milanés trabajó intensamente en el álbum inédito Rey negro, un tributo a los compositores afrocubanos del movimiento del filin, en lo que fue su último disco como productora musical. Probablemente ocurrió, pero ya no lo sabré: estuvo inmersa, hasta el final, en otros proyectos, gestando ideas, dejando cuartillas escritas, avisos y reflexiones. Y en un estudio de grabación algún cantante, mientras ella dejaba este mundo, y ahora mismo, y seguro después, estaría desgranando sus versos hechos canción para lanzarlos de nuevo a la vida.
La lista nunca estará completa, porque las canciones de Marta Valdés van y vuelven con vida propia, sobrevuelan fronteras de todo tipo —geográficas, genéricas, estilísticas, polisémicas— y conquistan nuevas voces, otros modos de entenderlas y asimilarlas. Es el modo único en que Marta nos dice que no ha partido, que no hay otro obituario que sus canciones. Ella está aquí, en sus palabras.
Playlist
- «No te empeñes más» – Charlie Haden y Gonzalo Rubalcaba
- «Palabras» – Haydée Milanés
- «Llora, llora» – Elena Burke
- «En la imaginación» – Vicentico Valdés
- «Sin ir más lejos» – Gema Corredera
- «Por La Habana» – Miriam Ramos
- «No te empeñes más» – Cheo Feliciano
- «Hay todavía una canción» – Susana Orta y Horacio Burgos
- «Tengo» – Freddy
- «José Jacinto» – Marta Valdés
- «¿Hasta dónde?» – Eva Pilarová
- «Tú no hagas caso/Deja que siga solo» –Miguelito Cuní y Pablo Milanés
- «Canción desde otro mundo» – Miriam Ramos
- «¿Hacia dónde?» – Martirio y Raúl Rodríguez
- «Tú no sospechas» –Zule Guerra
- «Tú dominas» – Doris de la Torre
- «Aida» – Pablo Milanés
- «Macaya» – Elena Burke
- «Como un río» – Dayron Ortiz, Rodrigo García, Annys Batista
- «No es preciso» – Fernando Álvarez
- «Llora, llora» – Silvia Pérez Cruz
- «Demasiado que pedir» – Ela Calvo
- «Canción fácil» – Estrella Acosta
- «Sorpresa de harina con boniato» – Johnny Pacheco y Pete «El Conde» Rodríguez.
- «Tú no sospechas» – Marta Valdés y Chano Domínguez
[1] Ariel, Sigfredo. «Marta Valdés, desde otro mundo». En La Gaceta de Cuba. La Habana. 1995 (03-04). P. 50.
[2] Valdés, Marta. Donde vive la música. Ediciones Unión. La Habana, Cuba, 2004. P. 129.
[3] Ibidem.
[4] Ibidem.
[5] La serie Nuestros autores generó únicamente los álbumes dedicados a Marta Valdés y Juan Almeida.
Una despedida que es una bienvenida a entrar en el mundo de Marta Valdés. Marta se fue de viaje pero volverá para revelarnos el misterioso secreto de dónde vive la música.
Gracias Rosa Marquetti por este enjundioso y sabio artículo. Gracias también por el programa «Desmemoriados.Historias de la música cubana» que sigo a través de Gladys Palmera.