Rocky Horror Picture Show, la alegría

    En el verano del 2017, estando de vacaciones en casa de mi hermano menor en Queens, mis hijas y yo escribimos cada una nuestras bucket lists. Eran tres listas de deseos tan diferentes. Mi hija mayor anotó «Rocky Horror Picture Show».

    Esa comedia musical «de terror», protagonizada en 1975 por Richard O’Brien, Tim Curry, Susan Sarandon y Barry Bostwick, cuenta la historia de unos jóvenes recién casados a quienes se les avería el auto en medio de una noche de tormenta. En busca de ayuda, la pareja toca a la puerta de un castillo.

    En el castillo viven personas extrañas; entre ellas, el doctor Frank N. Furter, un científico aparentemente loco y travesti, proveniente del planeta Transexual de la galaxia de Transilvania, quien crea en su laboratorio a un hombre hermoso y musculoso: Rocky.

    Los actores de Rocky Horror Picture Show actúan frente a la pantalla del cine, simultaneando sus movimientos, expresiones y diálogos con los de la película original proyectada en background. El término «shadowcast» surgió a finales de la década de los ochenta para describir este tipo de actuaciones que se fueron desarrollando en torno al filme.

    El público de Rocky… es interactivo, conoce de memoria los parlamentos y los recita, pregunta y responde… Muchos se visten como los personajes de la película, tiran arroz, rollos de papel higiénico y naipes, según las escenas. Otros traen pistolas de agua y periódicos para simular la lluvia y protegerse de ella. 

    Al inicio de cada función, el animador del show pide al público nuevo que se identifique. Quienes asisten por primera vez se dibujan una V roja en la frente; quiere decir que son vírgenes. Los demás son asiduos, aquellos que regresan con frecuencia, o cada sábado, religiosamente.

    Habiendo perdido mi virginidad en 2017, soy ahora parte de ese público devoto. Es así como ha venido conformándose esta serie que me gusta nombrar Rocky Horror Picture Show, la alegría y que, sospecho, me resultará difícil dar por terminada algún día.

    (Texto y fotografías de Ingeborg Portales).

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