Hasta la noche del domingo no volvió a «enlazarse» —con la entrada de Pinar del Río— todo el Sistema Eléctrico Nacional (SEN). Cuba vivió otro apagón masivo que, en las provincias más occidentales, por ejemplo, no permitió hasta ayer la reanudación de las clases en los centros educativos.
En cualquier caso, los largos y frecuentes apagones continúan a lo largo de la isla, y no parece que haya a la vista una salida para la crisis electroenergética.
Ya hemos dicho aquí lo obvio: el apagón es síntoma de una crisis mayor, crónica, multidimensional que afecta cada faceta de la vida cotidiana en Cuba y que se manifiesta, aún más amargamente, como inflación y escasez de productos básicos, como improductividad y depauperación de servicios sociales (incluidos los sanitarios), como desigualdad y aumento de la violencia, como desconfianza en el futuro y fuga migratoria.


Un apagón masivo es también una gran metáfora. Aunque probablemente, de tan obvia, ya no lo sea…
Esta es La Habana del último fin de semana: Lawton, Calzada de 10 de Octubre, las calles Lacret y Juan Delgado de Santo Suárez, el viernes en la noche; la calle Monte, el viernes y el sábado; Aguiar y Empedrado, el sábado; la Avenida de Bélgica, el Parque de la Fraternidad…


Todo comenzó esta vez, según el Ministerio de Energía, con una avería en la Subestación del Diezmero, en las afueras de la capital, lo que habría provocado «la pérdida importante de generación en el occidente de Cuba y con ello la caída del Sistema Eléctrico Nacional».


Desconexiones masivas del SEN se sucedieron sin falta en cada uno de los últimos tres meses del año pasado.
De acuerdo con los expertos y las propias autoridades cubanas, la debacle energética —que supone, más allá de apagones generales, cortes diarios más o menos programados en casi todos los puntos de la isla— se debe tanto al crónico déficit de petróleo como al desfase técnico de las plantas termoeléctricas, con más de tres décadas de explotación, en un sistema cuyo diseño ha probado, desde luego, no ser el más eficiente para las condiciones de Cuba.


Irónicamente, los apagones han sido uno de los principales combustibles que han encendido decenas de protestas antigubernamentales —de diversas proporciones— en las calles cubanas desde el año 2021, cuando la pandemia de COVID 19 sumió definitivamente al país en el atolladero.
En estas imágenes la gente parece tranquila, probablemente resignada. No se ven sus rostros, sin embargo; solo siluetas, sombras, algún gesto lucífugo, trunco.
(Fotografías autorizadas por Marcel Villa).